No se lo esperaba, y eso explica que el canterano Marcos Alonso sea el vivo reflejo de la ilusión. Nacido con un balón bajo el brazo -su abuelo y su padre fueron grandes futbolistas-, su sonrisa perenne deja entrever la felicidad que le embarga por viajar por primera vez con el primer equipo. “Ha sido todo de forma imprevista. Me ha llamado el mister del Castilla y me ha dicho que tenía que estar a las seis de la tarde en Valdebebas con el D.N.I. y unas zapatillas. Te puedes imaginar la alegría”, argumenta un lateral izquierdo que nunca va a olvidar este momento. "Creo que esta alegría va a durar mucho tiempo, toda la vida”.
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